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	  <title>Spanish Reina-Valera (Испанский)</title>
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	<description>Иов глава 39</description>
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		<title>Иов глава 39</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Apr 2026 05:00:05 +0200</pubDate>
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					 ¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo?
					 ¿Contaste tú los meses de su preñez, Y sabes el tiempo cuando han de parir?
					 Encórvanse, hacen salir sus hijos, Pasan sus dolores.
					 Sus hijos están sanos, crecen con el pasto: Salen y no vuelven á ellas.
					 ¿Quién echó libre al asno montés, y quién soltó sus ataduras?
					 Al cual yo puse casa en la soledad, Y sus moradas en lugares estériles.
					 Búrlase de la multitud de la ciudad: No oye las voces del arriero.
					 Lo oculto de los montes es su pasto, Y anda buscando todo lo que está verde.
					 ¿Querrá el unicornio servirte á ti, Ni quedar á tu pesebre?
					 ¿Atarás tú al unicornio con su coyunda para el surco? ¿Labrará los valles en pos de ti?
					 ¿Confiarás tú en él, por ser grande su fortaleza, Y le fiarás tu labor?
					 ¿Fiarás de él que te tornará tu simiente, Y que la allegará en tu era?
					 ¿Diste tú hermosas alas al pavo real, O alas y plumas al avestruz?
					 El cual desampara en la tierra sus huevos, Y sobre el polvo los calienta,
					 Y olvídase de que los pisará el pie, Y que los quebrará bestia del campo.
					 Endurécese para con sus hijos, como si no fuesen suyos, No temiendo que su trabajo haya sido en vano:
					 Porque le privó Dios de sabiduría, Y no le dió inteligencia.
					 Luego que se levanta en alto, Búrlase del caballo y de su jinete.
					 ¿Diste tú al caballo la fortaleza? ¿Vestiste tú su cerviz de relincho?
					 ¿Le intimidarás tú como á alguna langosta? El resoplido de su nariz es formidable:
					 Escarba la tierra, alégrase en su fuerza, Sale al encuentro de las armas:
					 Hace burla del espanto, y no teme, Ni vuelve el rostro delante de la espada.
					 Contra él suena la aljaba, El hierro de la lanza y de la pica:
					 Y él con ímpetu y furor escarba la tierra, Sin importarle el sonido de la bocina;
					 Antes como que dice entre los clarines: ­Ea! Y desde lejos huele la batalla, el grito de los capitanes, y la vocería.
					 ¿Vuela el gavilán por tu industria, Y extiende hacia el mediodía sus alas?
					 ¿Se remonta el águila por tu mandamiento, Y pone en alto su nido?
					 Ella habita y está en la piedra, En la cumbre del peñasco y de la roca.
					 Desde allí acecha la comida: Sus ojos observan de muy lejos.
					 Sus pollos chupan la sangre: Y donde hubiere cadáveres, allí está.
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